Hamdi Sidahmed Ahmed.-

Este periodista saharaui cuestiona que los cambios que se están produciendo en el mundo árabe cuenten con la simpatía real de Occidente que hasta ahora había hecho oídos sordos a las revindicaciones populares de estos países.

Miércoles 9 de marzo de 2011. Diagonal.-

Nadie, a estas alturas del progreso humano duda de la imperiosa e inaplazable necesidad de poner fin a los regímenes dictatoriales y antidemocráticos, no sólo en los países árabes ,sino también en todos los rincones del planeta, incluso en aquellos donde no se produce petróleo, ni gas o que no representen algún tipo de interés para las grandes potencias mundiales.

Sin lugar a dudas, después de las luchas independentistas, en los que la mayoría de los actuales dictadores llevaban la voz cantante, las revueltas populares que hoy sacuden el mundo árabe constituyen un sorprendente intento hacia el cambio que, esperamos conduzca a un verdadero y eficaz salto hacia la democracia, la justicia social y el respeto de todos los derechos del ser humano.

Sin embargo, vista la naturaleza de estas explosiones populares, algunas cuestiones siembran duda a la hora de tratar de imaginar un final feliz y dejan la puerta abierta a distintos desenlaces, incluidos algunos no deseados. La falta de un proyecto político-social concreto avalado por la mayoría de la población, la ausencia de un líder político que goce de respaldo mayoritario y la falta de unidad en las principales reivindicaciones de los diferentes grupos que forman el amplio abanico de las revueltas, salvo la de derrocar el régimen, hacen que una final consensuado y favorable a las verdaderas reivindicaciones populares sea, al menos por el momento un objetivo demasiado opaco.

Seria muy positivo que los componentes de la revueltas populares, algunos enemigos jurados hasta ayer, hagan un debate sincero y transparente, libre de injerencias para limar asperezas y enterrar diferencias con el fin de proyectar y acordar, lo antes posible un proyecto consensuado que de respuestas reales y objetivas a sus necesidades, y evite que sus sacrificios sena secuestrados por los oportunistas que acechan, desde dentro y fuera, de lo contrario los pueblos podrán perder lo valioso que han conseguido a sudor y sangre hasta este momento.

Es justamente en este punto donde Estados Unidos, Europa y las grandes potencias y organismos internacionales den el apoyo necesario y sincero a los pueblo para que, desde la particularidad de cada uno trace su propia trayectoria hacia la democracia, la libertad y la justicia, pero me temo que los intereses económicos y geopolíticos puedan estar condicionando las intenciones de muchos actores de la escena internacional. De ser así, estaríamos construyendo el futuro sobre cimentos nada sólidos.

Quiero pensar que las grandes potencias, encabezadas por USA son sinceras al apostar por la lucha y las reivindicaciones de los pueblo en su afán por alcanzar la libertad y la democracia, pero me cuesta asimilar que esas mismas potencias, hasta el cercano ayer mantenían, ayudaban y favorecían a esos mismos regimenes, algunos de ellos siguen acampando a sus anchas todavía..

Marginar, de la noche a la mañana, cuestiones que hasta ayer constituyan el centro del debate político, el pan de cada día de la prensa y el temor de muchos han dejado de tener interés: (terrorismo, del conflicto de Palestina, Irán y su programa nuclear, la crisis económica, wikileaks, Irak que sigue sangrando, llorando muertes y anhelando una democracia que nunca llegó, un Afganistán que sigue esperando una reconstrucción que esta a medio camino), para luego enfocar toda la atención en las revueltas en el mundo árabe, me siembra la duda sobre si realmente las grandes potencias son sinceras en sus apuestas por los pueblos o sencillamente es una nueva variante de “nada de enemigos eternos, sólo intereses”?.

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