Articulo de Ladislao Martínez, miembro de Ecologistas en Acción, publicado en VIENTO SUR.


El autor se pregunta en este artículo  el motivo por el que sectores de la izquierda son tan reticentes a incorporar a su discurso las críticas sociales que vienen del ecologismo. 

En los últimos 12 meses se han producido significativas novedades relacionadas con el cambio climático.La primera de ellas fue la presentación por parte del gobierno británico del llamado Informe Stern, que dibujaba un escenario catastrófico en caso de no actuar para solventar este problema. Poco después fue la aparición en muchos cines del documental Una verdad incómoda /1 en la que el ex-vicepresidente de EE UU, Albert Gore, desmenuza de forma clara y sencilla, las causas y previsibles consecuencias del problema. Finalmente, y ya en el año 2007, se ha hecho pública la primera parte (referida a la descripción del fenómeno) del IV informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés). Todo ello ha ido acompañado en nuestro país de una masiva presencia mediática que se ha traducido en una creciente preocupación social. Hay que resaltar que, si hace sólo un año las noticias sobre el cambio climático aparecían esporádicamente en las páginas o secciones de ciencia o sociedad de los principales medios de comunicación, hoy son motivo de editoriales frecuentes, noticias de portada, amplios despliegues informativos, referencias tangenciales en muchas noticias de distintas secciones y comentarios en los artículos de opinión /2.

Ante esta secuencia de acontecimientos, buena parte de la izquierda ha reaccionado colocando el cambio climático como uno de los más graves problemas que debe enfrentar la humanidad, pero no han faltado reacciones sorprendentes de algunos sectores que se autoproclaman más radicales. Hay quién señala que, aunque el problema existe, está siendo deliberadamente exagerado por sectores de las élites políticas y económicas para servir de cortina de humo ante los “de verdad” graves y viejos problemas sociales. La prueba del “9” sería que tanto Blair como Gore son políticos a los que sus actuaciones pasadas no colocan precisamente en la izquierda consecuente.

Para quien escribe estas notas es evidente que lo que procede es la lectura contraria y que más bien, ante este tipo de comportamientos, lo que toca preguntar es el motivo por el que sectores de la izquierda son tan reticentes a incorporar a su discurso las críticas sociales que vienen del ecologismo. En mi opinión este rechazo obedece a tres claves /3: muchos problemas ecologistas tienen una notable dificultad objetiva que los hace incomprensibles para quién no dispone de un mínimo de cultura científica (el cambio climático es uno de ellos), además su toma en consideración con coherencia impide el despliegue de discursos trillados que en sus orígenes eran de izquierda, y por último, una cierta intuición de que el grueso de la ciudadanía -también muchos izquierdistas- disfruta de privilegios que no son universalizables y a los que, en un mundo más igualitario, tendría que renunciar. Paradójicamente tras una fraseología que se pretende de izquierdas hay un sustrato material objetivo de derechas.

 Y es que, volviendo al debate del cambio climático, si bien es cierto que los recientes aldabonazos sobre la dimensión del problema provienen de los sectores ya citados, no es menos cierto que los mismos hechos vienen siendo voceados desde hace años por el movimiento ecologista y descritos por la comunidad científica. Pero sobre todo, es que la descripción de las consecuencias del cambio climático, dejan poco margen para la duda sobre cuál debe ser la actitud de una izquierda que sea consecuente.¿Debe ser la izquierda indiferente al hecho de que el cambio climático afecte preferente a los pobres? ¿No debe preocupar que el calentamiento resulte en cambios repentinos en las tónicas meteorológicas regionales, tales como las lluvias monzónicas del sur de Asia o el fenómeno de El Niño, cambios que tendrían graves consecuencias para la disponibilidad de agua y para las inundaciones en las regiones tropicales, además de amenazar los medios de subsistencia de millones de personas? ¿Es poco de izquierdas remarcar que como consecuencia de la reducción en el rendimiento de las cosechas, especialmente en África, cientos de millones de personas podrían quedar sin capacidad para producir o adquirir alimentos suficientes? ¿Se debe ser indiferente al hecho de que inicialmente, la fusión de los glaciares aumentará el peligro de inundaciones y, a continuación, el suministro de agua se verá considerablemente reducido y que, no mucho después, ello amenazará al 16,5% de la población mundial y, en particular, a la del subcontinente indio, ciertas partes de China y la región andina de Sudamérica /4?…

Según datos aportados por la OMS el cambio climático provoca en la actualidad más de 160.000 víctimas cada año. No parece por tanto en modo alguno exagerado afirmar que se trata de una agresión de los países industrializados a los países pobres comparable a la que representa el pago de la deuda. Por eso, aunque la película de Albert Gore tenga un tufo narcisista y electoralista perceptible, propuestas de solución casi mágicas para el problema, silencios clamorosos y preguntas tan interesantes como ¿cuál es el coche que conduciría hoy Jesucristo?, no deja de constituir un relato bastante preciso del problema al alcance de público muy numeroso. Por eso también, aunque el Informe Stern tiene un apartado de propuestas que se mantiene claramente en un marco neoliberal y es un intento claro del Gobierno Blair de lavar su imagen por su política internacional, en los aspectos descriptivos pone el dedo en la llaga de problemas a los que la izquierda debe responder. Tampoco es cuestión menor que un ex-director del Banco Mundial reconozca explícitamente que “el cambio climático representa un reto único para la economía, pudiendo afirmarse que es el mayor y más generalizado fracaso del mercado jamás visto en el mundo”.

 La tarea de la izquierda no es en modo alguno minusvalorar la importancia del cambio climático porque ahora es reconocido como problema por sectores que no lo son. Antes al contrario debe esforzarse por generalizar y asentar el conocimiento que se tiene del mismo. No resulta previsible que “pase de moda” /5 ya que, por su propia naturaleza, sus manifestaciones serán más y más visibles y su incidencia sobre la vida cotidiana de las personas será tan marcada que en modo alguno podrá ignorarse. Es importante ahora organizar a la sociedad para luchar con el problema y evitar la tentación, común a “expertos” y ONG ambientalistas, de dejar en manos de “los que saben” un problema tan complejo. Se trata de mostrar su relación conmiles de luchas sectoriales (por el territorio, contra las infraestructuras de transporte, contra las centrales térmicas, luchas de solidaridad con los países empobrecidos…) y crear las condiciones que apunten a su solución.

Es también decisivo señalar la responsabilidad diferencial en su génesis: no es igual la de la multinacional Exxon-Mobil que ha obtenido en 2006 el récord mundial histórico de beneficios comerciando sobre todo con derivados del petróleo y ha pagado a científicos para intentar falsear la realidad, que la de una ciudadana de Bangla Desh cuyas emisiones son ridículas y que sufre periódicas inundaciones de su vivienda por los efectos del cambio climático. De esta responsabilidad diferencial surge una obligación de esfuerzo también diferencial a la hora de contribuir a su solución. Quienes más han contribuido al problema deben adquirir compromisos mayores que quienes apenas han participado en su génesis. Parece claro que el cambio climático sólo se mantendrá dentro de los límites de lo tolerable si todos los países se aplican para contener sus emisiones. Desde los países ricos se señala el riesgo que representan las grandes economías en crecimiento acelerado (sobre todo India y China), pero sin negar la importancia de que estos países reorienten su crecimiento hacia un modelo más sostenible, hay que indicar que ello debe llevar parejo un compromiso de los países ricos de adquirir responsabilidades más firmes con reducciones mucho mayores de las hasta ahora adoptadas y transferencias de tecnologías adecuadas a precios justos para contribuir a ese fin.

No me parece por tanto una táctica inteligente ni negar el problema, ni recrearse en las contradicciones internas de los nuevos profetas del cambio climático. Más bien el objetivo debe ser construir, con fuerte participación social, las condiciones para una salida de izquierdas al problema. Un asunto mucho más difícil de lo que pudiera parecer. El hecho de que el cambio climático sea un problema en buena medida irreversible /6 en el que la actuación temprana resulta decisiva y que, al tiempo sea un problema planetario causado sobre todo por los países ricos y sufrido en mayor escala por los países pobres, hace que resulten completamente imprescindibles los acuerdos internacionales. Unos acuerdos en los que los países empobrecidos tienen menos capacidad de influencia que las opiniones públicas de los países ricos. La paradoja de todas las negociaciones es que los acuerdos son malos porque nadie defiende con contundencia y con herramientas eficaces intereses legítimos. A las élites de los países pobres no les falta razón cuando exigen a los países industrializados compromisos más firmes por su responsabilidad en el problema, pero son conscientes de que sus efectos golpean más a sus poblaciones que a los principales causantes y, a la vez, no son capaces de imaginar un futuro mejor fuera de los conocidos modelos de “desarrollo” existentes. Frente a ellos los gobiernos de los países industriales sólo aceptarían solucionar el problema si ello no afectara a sus posición de privilegio. No es por tanto ninguna casualidad que haya un consenso casi universal a la hora de considerar a la UE como el abanderado mundial en la lucha contra el cambio climático. A los críticos con la UE sólo nos queda falsear esta dura realidad o indicar que la UE es líder sólo porque los demás caminan en sentido contrario, lo que también es cierto.

Es poco discutible que los acuerdos son insuficientes y que abundan los trucos para hacerlos menos incómodos /7 (tales como el comercio de emisiones, la contabilización de los sumideros o los mecanismos de desarrollo limpio). También lo es que los esquemas liberales han dejado su impronta más allá de lo razonable en la importancia concedida a los mecanismos de mercado en el interior de la UE. /8 Y lo paradójico es que, por la ya citada irreversibilidad del problema, un mal acuerdo casi inútil es evidentemente mejor que ningún acuerdo. A ello hay que añadir la posibilidad de las llamadas “sorpresas climáticas”: acontecimientos involuntarios que acentúan la dimensión del problema y su irreversibilidad. Un ejemplo claro es la posibilidad de liberación masiva de metano a partir del permafrost en Siberia. Como el metano es un gas de efecto invernadero mucho más eficaz que el dióxido de carbono esta masiva liberación aumentaría de forma significativa la temperatura, lo que provocaría nuevas emisiones de metano y nuevos aumentos… mayores que los debidos a las emisiones antropocéntricas. Las reducciones que entonces podrían lograrse por efecto de políticas de contención resultarían inútiles frente a los mecanismos activados por las “sorpresas” /9. A pesar de que las predicciones al respecto son más dudosas, algunas de estas sorpresas podrían empezar a producirse antes de 10 años.

 Es por esto que el ecologismo social en los países ricos tiene que mantener una difícil posición en relación con este problema. Critica por insuficientes los acuerdos internacionales y muchos de los mecanismos previstos para su implementación, pero nunca pide su eliminación sin contar con una alternativa más eficaz de sustitución. Su trabajo no es sencillo porque la lucha contra el cambio climático se libra casi en exclusiva en las opiniones públicas de los países ricos /10, cuyas condiciones materiales de existencia deberían verse afectadas negativamente para contribuir a resolver el problema.

 El principal (y poderoso) aliado en esta tarea son las leyes de la física, que por encima de modelos sociales, dicta inexorablemente su sentencia y avisa a los satisfechos que el coste de no actuar puede ser muy alto. La comunidad científica, un poder significativo en los países ricos, está todavía en el Estado español muy lejos del nivel de compromiso y de presencia social que sería exigible, e incluso está lejos del que ha adoptado en otros países. Los medios de comunicación, han contribuido recientemente a la popularización del problema en nuestro país, pero se empeñan en encontrar vías de resolución ahormadas por sus preferencias/obsesiones tanto de modelo social como de opción tecnológica: en el marco de un modelo económico de libre mercado y con llamadas nada disimuladas al uso de la energía nuclear.

Cabe esperar que, en los poderes económicos directamente vinculados a la génesis del problema (sector energético) se produzca un comportamiento que tienda a conseguir una demora tan grande como sea posible en la puesta en marcha de políticas eficaces de solución del problema. Habrá también ciertos mecanismos de adaptación (sobre todo una apuesta por el uso de energías renovables susceptibles de cierta centralización) junto a los que se prodigarán los gestos de lavado verde de imagen. Los sectores sociales acomodados que constituyen la base social de la derecha, tan lamentablemente sólida y movilizada en estos lares como hemos tenido la oportunidad de comprobar en los últimos años, se obstinará en negar el problema y también en esto culpará a los pobres porque es claro que lo son para molestar. No creo que los sectores sociales populares de bajo nivel de instrucción tengan un papel relevante en la solución de un problema que aparece demasiado complejo para ser comprendido y que amenaza con cercenar sus sueños de consumo. Los sectores sociales instalados y progresistas, probablemente contribuirán a la exigencia de “que se haga algo”, pero un algo que, al borde de lo milagroso, les permita mantener niveles de consumo que es fácil probar que no son universalizables. Serán los más proclives a exigir milagros tecnológicos. De donde cabe esperar mayores apoyos es de los sectores “de abajo” de alto nivel de instrucción que desde luego están en franco crecimiento en la nueva fuerza de trabajo.

Toca entonces a la izquierda organizada que se pretenda transformadora cerrar filas con el ecologismo social, a cuyos esfuerzos debe sumarse. En honor a la verdad, frente a un apoyo retórico indiscutible, ha habido escasos esfuerzos destinados hasta ahora a este fin. Es el momento de acabar con esta situación y hacer perceptible un apoyo efectivo. No debe esperarse más .

 

1/ Cuando se terminan estas notas ha sido galardonada con Óscar de Hollywood.
2/ Este comentario vale para casi todos los medios de prensa escritos de este país. Un redactor de El País me comentó recientemente que en su medio (quizá el que haya abordado más intensamente el tema) el espacio dedicado al cambio climático se había multiplicado por 20.
3/ He intentado profundizar en este asunto en un artículo publicado en el número 49 de Libre Pensamiento.
4/ Deliberadamente se han tomado ejemplos que son cita literal del Informe Stern.
5/ Una diferencia clara del cambio climático y otros problemas sociales es que el cambio climático también golpea en los países ricos, lo que lo convierte en inocultable.
6/ Los gases emitidos a la atmósfera permanecen en ella muchos años de forma que seguiría habiendo cambio climático aunque las emisiones mundiales se redujeran bruscamente en los próximos años.
7/ Para ver una crítica del ecologismo organizado al comercio de emisiones puede consultarse el artículo de Cristina Rois en esta misma revista número 60.
8/ Nos referimos a la forma en que ha sido concebido el mercado de permisos de emisión en la UE. No debería pasar de ser, en el mejor de los casos un elemento complementario de una amplia panoplia de medidas. Y sin embargo ha sido concebido como una piedra angular. El precio de la tonelada de CO2 ha sido extremadamente volátil. Pasó de valer unos 6 € en los periodos iniciales, a un máximo de 29 € en el verano de 2006 y a caer en picado hasta 1,5 € cuando se escriben estas notas. Para el mercado de futuros a partir de 2008 en que se abre el nuevo periodo de cómputo se cotiza ahora a 10 €.
9/ Existen otras posibles sorpresas climáticas como las causadas por la desaparición del hielo polar y la reducción del albedo correspondiente, la posibilidad de que las selvas tropicales se conviertan en emisores netos de dióxido, cambios en la circulación termohalina marina…
10/ La izquierda en los países pobres está enfrentada a problemas más urgentes y con incidencia inmediata en las condiciones de vida de la mayoría. Además se encuentra ante un problema en modo alguno sencillo de entender, causado por otros y en el que a la denuncia de las responsabilidades ajenas, hay que unir una propuesta de alternativa social ignota. A ello se añade el hecho de que en Latinoamérica los gobiernos de izquierdas (Venezuela, Bolivia, Ecuador…) tienen en los hidrocarburos casi la única fuente de ingresos para eliminar la pobreza. El gobierno de Venezuela es el único que lleva tiempo suficiente en el cargo para poder ser juzgado… y su actuación, en modo alguno sencilla, tampoco puede presumir de valiente y acertada. Otros gobiernos más moderados (Argentina, Brasil o Chile) oscilan entre la irrelevancia y el autismo. China coloca la preocupaciónpor el medio ambiente muy por detrás del objetivo de desarrollo, aunque forzada por la escasez de recursos energéticos propios alterna políticas muy lesivas (uso masivo de su carbón, apuesta por la nuclear,…) con otras muy esperanzadoras (promoción de la energía solar y eólica,…). Aunque I. Ramonet pretenda convencernos con su libro sobre Fidel Castro de que éste es un ferviente militante contra el cambio climático, creerlo, a tenor de las políticas reales aplicadas en Cuba, es un nuevo dogma de fe al alcance sólo de quienes mantiene intacta la confianza en este régimen.

1 Comment for this entry

  • Antonio dice:

    Lo malo de ti Ladis es que es al contrario, tu pretendes politizar los movimientos ecologistas desde tu clara conexión con iU y esto perjudica a los movimientos ecologistas. Opino que deberías dejar el ecologismo y de pretender dar lecciones y meterte de lleno en política que es lo que realmente te va y donde quizá serías más útil.

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