Articulo de Fernando Leon de Aranoa e Ignacio del Moral, guionistas de “Los lunes al sol” (Para Kaos en la Red).


Conocimos a Cándido González Carnero y a Juan Manuel Martínez Morala hace unos años, cuando escribíamos el guión de «Los lunes al sol». Fueron las imágenes de las movilizaciones de los trabajadores de Naval Gijón en los informativos nacionales las que nos llevaron hasta ellos. Se defendían allí los puestos de trabajo de ochenta de sus compañeros, trabajadores eventuales. Días más tarde, en el transcurso de una larga asamblea sindical a la que asistimos en Gijón, se perdió lo que con tanto sacrificio se había defendido en la calle. Ochenta trabajadores se quedaron entonces sin trabajo como resultado de un proceso más amplio, del que quizá terminaron por ser víctimas, pero del que no quisieron ser cómplices.
 Hicimos después una película sobre esos hombres, tratando de imaginar cuál sería su paradero físico y emocional algunos años más tarde. La película se tituló «Los lunes al sol», y obtuvo numerosos reconocimientos. Siempre hemos pensado que esos reconocimientos eran en buena medida para los hombres de los que hablaba la película. Hombres como Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala.

Hoy, leemos en los diarios que piden para ellos seis años de cárcel, por eso, estas líneas quieren ser, antes que nada, un apoyo y un reconocimiento a su compromiso con la defensa de los derechos de los trabajadores y con la pervivencia del sector naval en Asturias. Un compromiso más merecedor de nuestro agradecimiento que de acusaciones y condenas. El 22 de este mes de noviembre será en realidad un primero de mayo, porque la manifestación que para ese día hay convocada en su apoyo es, en gran medida, una manifestación en defensa del trabajo.

Las imágenes de aquellas movilizaciones en Gijón configuraron la secuencia inicial de una película que pretendía mostrar, en realidad, otra violencia. Esa que nadie verá nunca en la cabecera de un informativo, porque sucede en el seno de las familias de los trabajadores sin trabajo. Y también su otra lucha, la que viene después, la más callada, la que se libra contra el desempleo en ese corredor de la muerte de la vida civil que es el paro. Pero sobre todo pretendíamos mostrar en ella su integridad y su coherencia, su sólido compromiso con el trabajo entendido como un bien común.

Siempre hemos sostenido que la película encontró su alma en Gijón, en el transcurso de aquellas jornadas que compartimos con los trabajadores del Naval, de la mano de hombres como Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala. Su ética del trabajo, sus palabras, están hoy en la película.

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