Por Spengler (Asia Times) Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


La crisis alimentaria global es un fenómeno monetario, una consecuencia no prevista del intento de EE.UU. de inflarse un camino de salida de un fracaso del mercado. Hay motivos a largo plazo para el aumento de los precios de los alimentos, pero el alza sin precedentes en los precios de los granos durante el pasado año proviene de la debilidad del dólar estadounidense. La miseria económica de Washington amenaza ahora con convertirse en una catástrofe geopolítica.

Hace meses sugería que China, Rusia y otras naciones ricas en efectivo tienen el antídoto para la incipiente crisis crediticia: “Si EE.UU. quiere seguir siendo el imán para los flujos de capital del mundo en el que se convirtió en los años noventa, tendrá que permitir que los ahorristas del mundo se conviertan en socios en la economía de EE.UU., es decir, que inviertan en sus compañías de primera línea.” (Western grasshoppers and Chinese ants, Asia Times Online, 5 de septiembre de 2007.)

No sucedió nada semejante, desde luego, ya que Washington ha dejado en claro que no permitirá que fondos soberanos sean dueños de algo como Citicorp. ¿Qué están haciendo los inversionistas del mundo con el billón de dólares por año que solían invertir en valores estadounidenses, incluyendo en derivados de alto riesgo y varias formas de obligaciones colateralizadas que resultaron tener más obligación que colateral? No están comprando compañías estadounidenses porque no se les permite hacerlo. En su lugar compran alimentos y otros depósitos de valor.

Washington ha debilitado el valor del dólar como un paliativo para la crisis crediticia, tanto que “nadie parece dudar que el dólar de EE.UU. perderá su condición de moneda de reserva mundial,” como lo escribió la periodista Amity Shlaes en una columna de Bloomberg News del 9 de abril intitulada “Los monjes podrían tener la clave para el futuro del dólar.”

“Tal vez el dólar no entregará tan pronto su papel de sostén,” continuó Shlaes. “Y tal vez esa pérdida, si ocurre, sucederá por eventos que no pasan en ningún lugar cercano a hombres en trajes en un banco central. Tal vez la respuesta al acertijo del dólar puede ser hallada en la imagen de una foto en un teléfono celular de un monje tibetano en carmesí y naranja enfrentándose a un soldado chino… China puede caer en años de caos étnico. En cualquiera de esos casos, el nuevo gobierno chino no se verá obligado a producir el mismo crecimiento, y por lo tanto no gastará una energía proporcional cuidando al dólar… El destello de naranja en la túnica del monje es suficientemente importante como para cambiar la perspectiva para el billete verde.”

Descarriada no es la palabra adecuada para esta manera de pensar. Por poco probable que pueda ser, no se puede excluir la posibilidad de que el “caos étnico” aflija a China en algún momento en el futuro. Lo que puede ser dicho con certeza es que mucho antes de que el caos llegue a China, habrá deshecho gran parte del resto del mundo.

China está cambiando sus reservas de dólares de EE.UU., que se deprecian, por cosas de valor, en especial arroz, con consecuencias inquietantes para países dependientes, y consecuencias mortíferas para la política exterior estadounidense.

La gráfica que sigue muestra el precio de 100 libras de arroz en relación con la paridad del euro frente al dólar de EE.UU. durante los últimos 12 meses. El ajuste regresivo es de un 90%. Hay una relación aún más estrecha entre el precio del arroz y el precio del petróleo, otro depósito de valor contra la depreciación del dólar.

Precio del arroz frente a la tasa euro/dólar 15.04.07 a 15.04.08


Como deja en claro la gráfica, el aumento de 10 a 24 dólares del coste del arroz por quintal durante el último año sigue la huella del valor declinante del dólar estadounidense. El vínculo entre la paridad declinante de la unidad de EE.UU. y el precio creciente de productos básicos, incluyendo el petróleo así como el arroz y otras mercancías, es indiscutible. China ha cotizado agresivamente por arroz durante todo el año, y la semana pasada prohibió las exportaciones de arroz, junto con Vietnam y varios otros productores.

Tasa euro/dólar frente al arroz y el petróleo, 16.04.07 a 16.04.08


Para los países en desarrollo cuyas monedas rastrean al dólar estadounidense y cuyo poder adquisitivo disminuye junto con la unidad de EE.UU., esto es una catástrofe, como advirtió la semana pasada en Washington el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, al Grupo de Siete naciones industriales. La seguridad alimentaria se ha convertido repentinamente en el ítem principal en la agenda estratégica.

Nunca antes en la historia se ha convertido el hambre en una amenaza global en un período de cosechas abundantes. La producción global de arroz alcanzará un récord de 423 millones de toneladas en el año de cosecha 2007-2008, suficiente para satisfacer la demanda global. El problema es que sólo un 7% del suministro de arroz del mundo es exportado, porque la demanda local es satisfecha por la producción local. Cualquier aumento importante en las reservas de arroz corta profundo en el suministro disponible para la exportación, llevando a un pico en los precios. Debido a que una proporción tan pequeña del suministro global de arroz es comercializada, el choque monetario por el dólar débil fue suficiente para más que duplicar su precio.

No es sólo el arroz, desde luego, lo que compran los países ricos en dinero efectivo del mundo como un depósito de valor; el precio del trigo, la soya y otros granos han aumentado casi a la misma velocidad. Esto podría dar el golpe mortal a los desventurados esfuerzos de EE.UU. por estabilizar el Oriente Próximo, donde una mayor proporción de gente empobrecida come gracias a subsidios estatales que en ninguna otra parte del mundo. Egipto ha sido el sostén de la diplomacia estadounidense en el mundo árabe desde el gobierno de Jimmy Carter (1977 hasta 1981), y es extremadamente susceptible al hambre. Los precios de alimentos han aumentado este año en un 145% en el Líbano y en un 20% en Siria. Los iraquíes dependen de subsidios alimentarios financiados por la ayuda estadounidense.

Reducida a lo esencial, la política exterior de EE.UU. buscó dos objetivos inalcanzables: estabilizar Oriente Próximo y desestabilizar China. Esto es una exageración, por supuesto, porque Washington no buscaba sembrar la inestabilidad, sino sólo poner a China en su sitio a través del asunto tibetano.

El gobierno de George W Bush igual podría haber utilizado al Departamento de Estado como escenario para el show de telerrealidad Jackass [estúpido[. La arrogancia estadounidense ha erosionado el terreno bajo muchos de los gobiernos de los que depende su política exterior. Es difícil caracterizar lo que vendrá ahora, excepto que, como las cabriolas en Jackass, es algo que va a doler.

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