ISIDRO LOPEZ / OBSERVATORIO METROPOLITANO.-Sábado 9 de junio de 2012. -

La debacle financiera de la última semana, ha estado acompañada de permanentes rumores de algo parecido a un rescate o intervención por parte de la UE. En su mayoría, estos rumores tienen en mente un rescate como los de Irlanda, Grecia o Portugal, un solo movimiento político y económico que garantiza el control de las economías nacionales por parte de los agentes privados. Sin embargo, este modelo es inviable para España, dados los altísimos costes que supondría y, en su lugar lo que vamos a ver es un rescate ‘escalonado’ o ‘por goteo’ en el que maniobras de rescate parcial –ahora mismo las prioritarias serían aquellas relacionadas con la multiplicación por tres del déficit que generaría el rescate de Bankia–, se van a ir viendo correspondidas con medidas de privatización y recorte social de creciente intensidad.

En este sentido, las grandes líneas de estas políticas están diseñadas y aplicadas desde hace ya bastantes meses y, por lo tanto, la “intervención” entendida como un brusco corte histórico es poco más que una presencia espectral. Sin embargo, esta manera de conceptualizar el rescate como una ‘línea roja’ no es inocente políticamente. Es una defensa de la soberanía nacional de la que supuestamente dispone el Gobierno, indirectamente, una forma de intentar recomponer políticamente el modelo bipartidista sobre el que habría que volcar todas las voluntades para evitar el hecho ‘trágico’ del rescate.

Ya estamos intervenidos

Asumir que los mecanismos del rescate ya están en marcha, sin embargo, desactiva ese miedo a la ‘intervención terrorífica’ con consecuencias políticas interesantes para el futuro. Por ejemplo, la Unión Europea se ha formado mediante una doble articulación política en la que una esfera política europea, alejada de cualquier control democrático, garantiza la aplicación de los grandes principios económicos que vertebran los intereses de las élites financieras. Por debajo de esta escala de gobierno se encuentran los gobiernos nacionales, sometidos a procesos electorales sobre los que se descargan los costes políticos de la crisis mientras que la arena europea sigue con su programa político de refuerzo de los intereses financieros.

Una intensificación de los mecanismos políticos asociados al rescate escalonado, podría provocar una caída del gobierno y una visibilización de la tutela europea de los aparatos de Estado. Lo que, a su vez, provocaría la caída parcial de la doble articulación Europa-Estados nacionales mediante un enfrentamiento directo entre Europa y las poblaciones de los países que están en el centro del mecanismo financiero de acumulación a partir de la deuda soberana.

Esto es precisamente lo que el proyecto europeo ha querido evitar desde que se convirtió en un proyecto neoliberal inspirado por la idea que Hayek tenía del espacio económico europeo: que las élites continentales y transnacionales no tengan que someterse a ninguna forma de voluntad democrática. Syriza, en Grecia, por ejemplo, ha entendido que ésta es la escala en la que hay que luchar por el bienestar de las poblaciones europeas y ha transformado la demanda de salida del Euro en una demanda al derecho al impago democrático de la deuda dentro del Euro, planteando la batalla en el corazón del proyecto neoliberal europeo.

En España, el 15M tiene la oportunidad de, sin renunciar a sus planteamientos, mover el escenario político en esta dirección, contribuyendo a la eliminación de un Gobierno que es un mero intermediario, cuestionando unas fronteras que sólo sirven como contenedores de los costes de la crisis y planteando la batalla por el impago de la deuda a escala continental.

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